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El Martirio del profeta José Smith

Texto, Luís Córdova A.  –  Yamil Inostroza T.  (Parte 4 y final)

 

 

 

Relacionado con las armas que tuvieron en la cárcel para defenderse, en el libro de Historia de Illinois, escrito por Thomas Ford, pagina 212, se encuentra el siguiente registro: -“De las tres descargas hechas por José Smith, se cree que tres hombres fueron alcanzados: un Irlandés llamado John Wells o Wills quien se encontraba entre la turba herido en un brazo; Williams Voorhess o Voras, un joven de gran tamaño de Bear Creek conocido por su buen sentido del humor herido en un hombro, y un hombre llamado Gallagher o Gallaher (un joven del sureste de Mississippi) en su rostro. Otros dos hombres que dispararon en la cárcel, uno llamado Townsed de Madison (Territorio de Iowa) quien murió nueve meses después de una herida en el brazo de la cual no se curó, y otro hombre llamado Mills que fue herido en el brazo. Se presume que todos ellos fueron heridos en la confusión”. Estos hombres y otros después fueron enjuiciados por las heridas que recibieron como prueba irrefutable. Un testigo, señaló que Wills, Voras y Gallager fueron los primeros en entrar a la cárcel, uno de ellos disparó contra la puerta matando a Hyrum y Gallager disparó contra José mientras él se acercaba a la ventana.

Los cuerpos de ambos fueron retirados del lugar, ya no había personas en la ciudad creyendo estos en la venganza de los miembros de la Iglesia por la muerte de sus líderes, ante las palabras que supuestamente se escucharon una vez que fueron asesinados, ¡Vienen los Mormones! –

En Cartaghe, los cuerpos fueron preparados para transportarlos en ásperas cajas de roble, una en cada vagón y cubiertas por ramas por el sol. Un par de caballos blancos tiraron el vagón del Profeta José Smith. El Gobernador había ordenado una guardia y el General Deming proveyó ocho soldados. Todos los arreglos fueron hechos por Willard Richards. El posadero Artois Hamilton condujo su vagón, el hermano de José, Samuel H. Smith condujo el otro vagón. Se recorrieron cerca de 20 millas entre los dos pequeños pueblos. Cerca de Nauvoo, alrededor de las tres en punto un grupo organizado se unió al cortejo unas millas al este del Templo en la calle Mulholland. Bajo la dirección del Alcalde de la Ciudad, una procesión acompañó los cuerpos a la Casa de la Mansión. Allí esperaba esa misma madre que en angustia y dolor y silencio recibiría a sus dos hijos y que casi un mes después nuevamente experimentaría el sufrimiento por la pérdida de su otro hijo Samuel, quién contrajo una fiebre que lo llevó a la muerte 33 días después del martirio al escapar de la turba; de él Don Carlos Smith dijo: -“Samuel es tal fiel como el sol”. Los objetos personales que tenía al momento de ser asesinado el Profeta; ciento treinta y cinco dólares y cincuenta centavos, un recibo por un sudario, una sortija de oro, una pluma y caja de lápices, una cortaplumas, un par de pinzas, una seda, un bolso de cuero, una cartera pequeña de bolsillos conteniendo una nota de John P. Green por 50 dólares y un recibo de Heber C. Kimball por un pagaré de Ellen M. Saunders por mil dólares, como la propiedad de José Smith  y Emma Smith, quedaron en posesión de James W. Woods, abogado del Profeta.

Una vez que los cuerpos llegaron a Nauvoo, con las puertas cerradas de la Casa de loa Mansión, el amigo de Emma Smith; William Marks, Presidente de la Estaca de Nauvoo, supervisó como William Huntington y su hijo Dimick lavaron los cuerpos y detuvieron las heridas de las balas con algodón empapado en alcanfor. La ropa manchada con sangre fue puesta a un lado por Zina Jacbs para lavarlas. George Cannon tomó cuidadosamente impresiones de los rostros de ambos confeccionando las mascaras mortuorias. Los asistentes vistieron cada cuerpo en ropas blancas. Camisa y pantalones, calcetas, corbatas y sudarios. Una vez que los cuerpos fueron preparados, las dos esposas y los hijos de los profetas fueron admitidos para verlos.

La esposa del profeta, Emma –“susurró y cayó al ser la primera en ver el cuerpo de su esposo siendo sostenida por Dimick Huntington. Ella se adelantó y reposó sobre el rostro el profeta, besándolo lo llamó por su nombre, ¡José. José, José! y comenzó a hablarle. Luego puso su mano sobre la mejilla de su esposo y murmuró diciendo. ¡Oh, José, José, mi esposo, mi esposo, ¿finalmente te han apartado de mí?-. Mary, la esposa de Hyrum permaneció tranquila, después de haber tenido una crisis durante la noche. Ella se sentó en el borde de la cama y acercó a su esposo hacia ella. Acariciándolo ligeramente detrás de su pelo le dijo. –“Hyrum, Hyrum, ¿tenían que dispararte mi querido Hyrum?, ¿Estás muerto mi querido Hyrum?”.

La madre de los profetas describió los rostros de sus hijos cuando estaban en la Mansión antes de partir aquel día como: -“pacíficos y sonrientes”, recordó en sus escritos sobre la promesa que recibió en Missouri, “que en cinco años más José tendría poder sobre todos sus enemigos”. Ella no anticipó su prematura muerte, pero cuando ocurrió, ella después escribió: -“el tiempo había transcurrido y la promesa se cumplió”, sobre esto el Profeta había escrito en una oportunidad reunido con los líderes. –“una cosa es cierta hermanos, les volveré a ver nuevamente, permito que suceda, porque tengo una promesa de vida de cinco años, ellos no pueden matarme hasta que el tiempo se cumpla”.

Los cuerpos de los profetas fueron puestos más adelante en ataúdes cubiertos con terciopelo negro y ajustado con clavos de cobre. Sobre los rostros de cada uno había una tapa sujeta a las bisagras, debajo de las cuales fue puesta una placa para proteger los rostros. Hoy en día, sus cuerpos descansan en el cementerio de la familia Smith en Illinois.

Willard Richard, secretario del Profeta, testigo de la muerte del Profeta José Smith y del Patriarca Hyrum, al ayudar a John Taylor en el interior de la cárcel le dijo. –“Me resulta difícil tener que acostarlo en el piso, pero si sus heridas no son tan fatales, quiero que usted viva para contar la historia”. Fiel a este cometido, el hermano John Taylor, quien llegó a ser el tercer Presidente y Profeta del Señor de Su Iglesia escribió lo siguiente en Doctrina y Convenios. “¡En vida no fueron divididos, y en su muerte no fueron separados!”.-

El Martirio del profeta José Smith

Texto, Luís Córdova A.  –  Yamil Inostroza T.  (Parte 3)

 

 

 

Esa tarde del 27 de junio, mientras estaban en la cárcel, esperando ser juzgados, John Taylor cantó “Un Pobre Forastero” recientemente introducido en Nauvoo. Hyrum le preguntó sí podía cantarla por segunda vez, pero el Elder Taylor, quien sintió que el himno era demasiado para sus sentimientos, le respondió: -“Hermano Hyrum, no siento es espíritu como para cantar”. Hyrum le dijo, -“Oh, no importa, comience a cantar y vendrá el espíritu nuevamente”. El Elder Taylor registró tiempo después que: -“el himno estaba muy de acuerdo con lo que sentíamos en aquel momento, porque nuestros espíritus estaban deprimidos, desanimados y sombríos”.

El jueves 27, dentro del cuarto, el calor de la tarde era opresivo. Los hermanos habían abierto de par en par las ventanas para recibir tanta brisa como se pudiera. Con sus capas cerradas se sentaron en el suelo algo decaídos, Hyrum leyó del Libro de Mormón, mientras que José visitó a un guardia. Después de las cuatro de la tarde hubo cambio de guardia, José conversó con los nuevos guardias acerca de Joseph H. Jackson, los hermanos Law y otros conspiradores de Nauvoo. Ocasionalmente el Profeta les predicó a los guardias en forma general instándolos a regresar a sus hogares y no unirse “con la chusma que los perseguía para asesinarlos” .Luego ante la sugerencia del carcelero a los hermanos que subieran donde estarían a salvo, las agitaciones hostiles comenzaron, al poco rato después comienzan a oírse ruidos en la puerta de la prisión, había llegado el populacho resuelto a quitarle la vida a los profetas, cosa que concretaron en un par de minutos.

Poco después de las cinco de la tarde llegó un populacho compuesto de unas cien personas con las caras pintadas integrado por la milicia invadió la cárcel. “Cuando Willards Richards miró por la ventana que daba al sur, vio que más de cien personas pasaban corriendo por la esquina de la cárcel…tanto él como John Taylor quien estaba sentado en la ventana, también alcanzó a vislumbrar al populacho, entonces levantaron sus bastones. Inmediatamente todos corrieron hacia la puerta. Ante las maldiciones y los gritos del populacho y el humo de la pólvora, segados por sus impuros deseos de asesinar, el Elder Taylor sentía que su muerte era inminente, el escribiría en sus registros –“actué con más prontitud y decisión”. En esta situación, el Profeta que estaba tras él le dijo –“¡Así es hermano Taylor, párelos tan bien como pueda!”, esas fueron las últimas palabras que él escuchó decir del Profeta”. 

“El Disparo de una bala a través del ojo de la cerradura hicieron que Willard y Hyrum saltaran hacia atrás, aún frente a la puerta. A pesar de haber retrocedido, otra bala pasó a través de la puerta llegando a Hyrum en el lado izquierdo de la nariz, entró en su rostro y su cabeza. En ese momento otra bala entró desde fuera golpeando y rompiendo el reloj de John Taylor. La bala que hirió de muerte a Hyrum hizo que exclamara, ¡Soy hombre muerto! y nunca más de movió. El Profeta José se aproximó a él abrazándolo señala ¡Oh, mi pobre querido hermano Hyrum! Rápidamente se levantó y con determinación abrió la puerta y disparó la pistola de seis tiros, sin embargo solo tres de los tiros se ejecutan, hiriendo a tres de los atacantes. Los disparos de José hicieron que los agresores hicieran una pausa, pero solo fue un breve momento antes que empujaran la puerta y comenzaran a disparar nuevamente. Taylor y Richards con sus bastones golpeaban haciendo que las balas fueran en otra dirección. Luego vendría la muerte del Profeta José Smith quien “probablemente pensando que podría salvar la vida de sus hermanos en el cuarto se dirige a la ventana calmadamente y las balas perforaron su cuerpo desde adentro u una desde fuera” haciéndolo caer por la ventana desde el segundo piso exclama -¡Oh Señor, Mi Dios!.

En el desarrollo de los acontecimientos de esas horas, ante la angustia, el Elder Taylor con el tiempo registró sentimientos de lo que sucedió en esa celda: -“Nunca olvidaré el sentimiento de simpatía y respeto manifestado en el semblante del hermano José mientras corría hacia Hyrum”.

Para asegurarse que el Profeta había muerto el populacho corrió fuera del edificio para verlo. Un registro dice que el Profeta murió con una sonrisa. William Daniel recordó que el profeta cayó “en parte sobre su hombro derecho y de espalda, su cuello y cabeza tocaron el suelo un poco antes que sus pies y se lastimó instantáneamente en su cara”. Un hombre descalzo, calvo y con sus pantalones arremangados hasta sus rodillas se acercó contra el líder martirizado por el lado sur de él. El Coronel Williams ordenó a cuatro hombres dispararle nuevamente. Un leve acercamiento indicaba el dolor visible cuando las balas lo penetraron y cayó sobre su cara. El mismo rufián con un cuchillo en mano estaba a punto de clavarlo en el cuerpo de José cuando las nubes se separaron y una luz solar cubrió al profeta asesinado”.

Uno de los jóvenes guardias, William R. Hamilton, hijo del posadero pasó la mano por encima de la frente del Profeta José, levantando un arma confirmando que en efecto estaba muerto. Hamilton miró al interior de la cárcel y vio el cuerpo de Hyrum en el piso en un charco de sangre habiendo sido traspasado por una bala su rostro. Al dejarlo, el joven escuchó algunos ruidos al interior del cuarto de la cárcel, él corrió para informar a su padre lo de los asesinatos.

Todo ocurrió rápidamente, José el Profeta y Hyrum el Patriarca habían sido asesinados, así lo informó el hermano Richards cuando envió el telegrama a las 08.05 horas de la tarde a la Ciudad de Nauvoo –“José y Hyrum están muertos. Taylor herido, no muy grave. Estoy bien. Nuestra guardia fue forzada como creemos por una banda de 100 a 200 hombres. El asesinato fue realizado en un instante y huyeron inmediatamente. Esto es lo que yo creo. Los ciudadanos están aquí asustados creyendo que los mormones los atacarán. Les prometí que no”.

El Presidente Brigham Young registró en su diario lo siguiente: -“Según lo que sé con seguridad, fue acusado en 46 pleitos y en todos esos casos hubo un Sr Clérigo a la cabeza del populacho que lo buscaba y lo perseguía. Cuando José y Hyrum fueron asesinados en la cárcel de Carthage, la turba de hombres de rostros pintarrajeados estaba dirigida por un Predicador”.

Cuando Jacob Hamblin y James W. Woods visitaron el cuarto poco después del martirio contaron las vainillas de las armas que fueron disparadas a través de la puerta o del umbral. Había treinta y seis de ellas. De los 36 agujeros que el hermano Woods contó, muchas estaban alrededor del marco de la ventana del este. El hermano Hamblin descubrió que todos los cierres en las puertas y las puertas habían sido alterados para permitir el fácil acceso. En el asesinato el Profeta José Smith recibió cuatro disparos. Uno en el lado derecho del pecho, otro debajo del corazón, un tercero en la sección más baja del intestino y un cuarto en la parte trasera de la pierna derecha. Su hermano Hyrum también recibió cuatro impactos. Uno en la cara en su lado izquierdo de su nariz, uno en la parte de atrás que atravesó su cuerpo, uno en la pierna izquierda y uno que entró por su pecho a través de la garganta y quedó en su cabeza.

Mientras permaneció en la cárcel en la tarde anterior el tío del profeta, el Patriarca John Smith lo visitó  y conversó con él extensamente, también lo hizo Cyrus H. Wheelock quién le entregó a José una pistola de seis tiros. De esta conversación el Presidente Taylor recuerda que allí hubo: -“una gran variedad de conversaciones de cosas que no eran muy buenas y que estaban pasando y de quejas presentes”, en esa oportunidad Willard Richard ofreció su vida y John Smith le indicó que iría a Nauvoo para juntar una fuerza suficiente para salvarlos. Ninguno de los dos ofrecimientos fue aceptado, el Profeta “los objetó prefiriendo paz”.


 

El Martirio del profeta José Smith

Texto, Luís Córdova A – Yamil Inostroza T. (Parte 2)

 

 

 

La noche del 22 de junio cayó sobre Nauvoo y cerca de las nueve de la noche Hyrum salió desde la Casa de La Mansión y poniendo su mano sobre Reynolds Cahoon le dijo: -“Una compañía de hombres está tratando de matar a mi hermano José, y el Señor le ha advertido a que huya a las Montañas Rocosas para salvar su vida. Adiós hermano Cahoon, le veremos otra vez”. El profeta salió de allí a los minutos después de haber permanecido con su familia, llorando amargamente se cubrió la cara con un pañuelo y fue tras su hermano Hyrum sin hacer ningún comentario. Anterior a ese día, mientras pensaba en la situación, el rostro del profeta se aclaró al decirle a su hermano –“se nos ha abierto el camino…está claro en mi mente lo que hay que hacer, cruzaremos el rio esta noche y saldremos hacía el oeste”; junto a Williams Richards y Orrin Porter se embarcaron para cruzar el río Misisipi. Al día, una vez que hubieron pasado al otro lado del río llegó Orrin Porter quién había regresado a Nauvoo y ahora de vuelta junto al Profeta le entrega una carta de su amada esposa Emma, junto a él vienen otros hermanos,  Reinald Cahoon, Lorenzo D. Wasson y Hyrum Kimball quienes sin comprender la voluntad del Señor dada a José, acusaron directamente a José de cobardía por dejar a su pueblo.

Ante las acusaciones injustas de los hermanos por haber salido José de Nauvoo y cruzado al otro lado del río para iniciar el viaje hacia el oeste, el Profeta respondió: -“Si mi vida no tiene ningún valor para mis amigos, ningún valor tiene para mí”. Después de llevar a cabo los preparativos, cerca de las cinco y media iniciaron el regreso de Montrose, para luego trasladarse a Carthage y entregarse para ser arrestados.

De vuelta a Nauvoo, los registros indican que José fue testigo del matrimonio de la hija de Hyrum; Lovina, quien se casó con  Lorin Walker. Luego, el profeta pasó su última noche del domingo 23 de junto con Emma, y sus hijos José III, Alexander, Frederick y Julia. A la mañana siguiente, el lunes 24, José se levanta muy temprano y cerrando cuidadosamente la puerta, monta a caballo junto a otros 15 hombres y se dirigen por la calle principal girando hacia la derecha en Mulholland y continúan hacia el templo, deteniéndose frente al terreno de este, el profeta miró con admiración la construcción y a la vez la ciudad comentando:-“ Este es el lugar más hermoso, y esta la mejor gente que existe bajo los cielos, pocos saben de las pruebas que los esperan”. El Profeta y sus discípulos comienzan el viaje al oeste por el camino de Cartaghe, allí se encontró con el Capitán Dunn y sus soldados, entonces volviéndose a los que lo acompañaban dijo: -“Voy como cordero al matadero, pero me siento tan sereno como una mañana veraniega. Mi conciencia está libre de ofensas contra Dios y contra todos los hombres”.

La hermana Mary Ellen Kimball observó que camino a Cartaghe el grupo se detuvo a beber un poco de agua aquella mañana y dirigiéndose al hermano Rosenkranz le dice: -“Hermano Rosenkranz, si nunca le veo otra vez, o si nunca vuelvo, recuerde esto, lo estimo”, ella comenta que esa palabras las sintió fuertemente en su alma y alejándose a su hogar, sentándose en su cama lloró. Semejante experiencia tuvo el Daniel H. Well cuando el profeta se dirige a él diciéndolo: -“Señor Well, deseo que estime mi memoria y que no me considere el peor hombre del mundo”.

En su trayecto a Cartaghe hizo alguna reveladores expresiones que son dignas de mencionar, situaciones de las cuales la influencia de ellas es un testimonio por el Espíritu.  El registro del hermano Isaac Haight menciona una conversación entre ellos a la que prestó atención –“Me volví para escuchar mientras montábamos y supongo que me sentí como los discípulos antiguos de Cristo, cuando él les dijo “Debo ser crucificado”. Eran las palabras del profeta por la orden del Gobernador contra ellos –“No estoy asustado de morir”.

Los acontecimientos que transcurrieron en Cartaghe, hicieron suponer que los presentimientos del profeta de perder su vida junto a su hermano Hyrum, serían el resultado final de quienes tramaron la muerte de ambos desde el principio.

Cerca de la media noche llegaron a Cartaghe, les esperaba la cárcel de la ciudad, recinto que había sido construido en 1839 y que estaba junto a la carretera de Varsovia en el borde noroeste de la ciudad, una cuadra al norte y dos cuadras al oeste de la plaza y que cinco años más tarde sería testigo fiel del martirio del Profeta y del Patriarca del Señor. A su llegada permanecieron alojados en el Hotel Hamilton House, libres y a salvo del populacho que exigían por los hermanos Smith. Los trámites contra sus acusaciones quedaron sin consideración y tras una audiencia preliminar fueron puestos en libertad. Dan Jones al ver como se estaban desarrollando los sucesos para ellos registró en su diario: -“nunca los había visto tan tranquilos y de mentalidad celestial. Tampoco había pensado en la cárcel de Carthage como la puerta al paraíso”. Trascurridas las horas se les mandó presentarse nuevamente ante la justicia. En esta nueva injusticia, cerca de la medianoche se les informó que habían sido acusados de traición. El juez R. F. Smith, enemigo del Profeta y de su hermano envió a sus soldados que los arrestaran y condujeran a la cárcel, se les permitió ser acompañados por ocho amigos que permanecieron con ellos.

Una vez encarcelados José y Hyrum, se hicieron todos los esfuerzos legales para ayudarlos, resultando en vano, aún la visita de Dan Jones al Gobernador Ford para informarle de las intenciones de varios grupos de hombres que había en la ciudad, el Gobernador meramente le respondió: -“Usted se alarma innecesariamente por la seguridad de sus amigos, señor; la gente no es tan cruel”.
El miércoles 26 de junio, fue la última noche con vida del Profeta José Smith y de su hermano. Esa noche ocurrieron eventos sagrados y especiales para algunos de los que estaban con ellos, esa cárcel se convirtió en un lugar inspirado. Sería el cumplimiento de muchas profecías.

Cuando la muerte parecía rondar en la cárcel de Cartaghe, el profeta pronunció una de sus últimas profecías. Después que todos se hubieron retirado a dormir, el profeta José Smith  siguió conversando con John S. Fullmer y Dan Jones, más tarde en esa misma conversación el profeta le preguntó al hermano Jones  - “¿Tiene usted miedo de morir?” – a lo que él le respondió,  - “¿Cree usted que ya llegó la hora?, consagrado a esta obra no me parece que la muerte sea muy pavorosa” – entonces el profeta le dijo  - “Todavía usted irá a Gales, y antes de morir cumplirá la misión que se le ha señalado”. El hermano Jones fue a su misión bajo la dirección del Presidente Brigham Young  y ayudó a convertí a más de 4.645 miembros en Gales. Ese día del 27 de  junio, Dan Jones dejó Carthage para entregar una carta al abogado Orville H. Browning en Quincy, Illinois. La milicia, pensando que él iba en busca de ayuda por la Legión de Nauvoo, fue tras él disparándole, desafortunadamente al evitarlos tomó un camino equivocado, fue detenido más adelante y dejado libre, siguiendo su trayecto,  llegando al día siguiente en la tarde a su destino a Quincy, se enteró de la muerte del profeta y de su hermano.

En 1843, un año antes, al hermano Willard Richards el profeta le dijo: -“llegaría el día en que las balas volarían a su alrededor como granizo y que vería caer a sus amigos a derecha e izquierda, pero que no habría rotura alguna en su vestimenta”. Ese día del martirio, las palabras del profeta se cumplieron literalmente, Willard Richard salió ileso de la tragedia con la sola excepción de haber recibido un leve rozamiento de bala en el lóbulo izquierdo de su oreja. El vio morir a sus amigos. Junto a él, el presidente John Taylor resultó gravemente herido en aquella ocasión y hasta el día de su muerte las tres balas que recibió permanecieron en su cuerpo, una debajo de la rodilla izquierda, una segunda en el brazo izquierdo que le atravesó la muñeca y se alojó en su mano y una tercera que se quedó en su cadera izquierda haciéndolo un gran agujero. En una revelación a Wilford Woodruff en enero de 1880 el Señor confirmó a John Taylor como Profeta, al decir –“…él ha mezclado su sangre con la de los mártires profetas; no obstante, aunque he tomado a mis siervos José y Hyrum Smith, he preservado a John Taylor para un sabio propósito “.
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El Martirio del profeta José Smith

Texto, Luís Córdova A – Yamil Inostroza T. (Parte 1)

 

 


 


En 16 minutos y 26 segundos, del día jueves 27 de junio de 1844 las vidas del Profeta José Smith y del Patriarca de la Iglesia Hyrum Smith, fueron acalladas por la milicia con sus rostros pintados quienes irrumpieron en la cárcel de Cartaghe después de las cinco de la tarde, dando de esta forma cumplimiento a uno de los muchos acontecimientos que el Profeta José Smith había predicho en varias ocasiones anteriores a su muerte. Sus vidas fueron selladas como un testimonio a la plenitud del evangelio.

Allí, en esa cárcel de dos pisos, con un día caluroso, permanecían cuatro hombres; José de 38 años, Hyrum de 44 años, John Taylor de 35 años, editor de dos periódicos de la Iglesia en Nauvoo, el Times and Season (Tiempo y Estaciones) y el Nauvoo Neighbor, y Willard Richard de 40 años, secretario personal del profeta, quien sobrevivió a los acontecimientos acecidos en la cárcel y que a posterior escribiría un artículo de los eventos titulándolo “Dos minutos en la cárcel” publicado el miércoles 24 de julio de 1844 en el Nauvoo Neighbor. Junto al hermano Taylor, fueron los únicos miembros del Quórum de los Doce que estuvieron presentes, los otros diez estaban en misiones en el oeste de los Estados Unidos. El presidente Wilford Woodruff quien había conversado con el profeta después de la Conferencia de abril de 1844, recordó que haberse enviado al resto de los Apóstoles a misiones y que en ese instante de la reunión el profeta parecía rezagarse en decirle adiós, entonces mirándolo le dijo: -“Hermano Woodruff, espero verlo ir, pero si usted no lo hace, morirá”.

Los acontecimientos previos a su muerte están marcados por episodios que solo el manto de un profeta del Señor podría con tanta seguridad dar a conocer y saber con una certeza absoluta de su cumplimiento.

A principios de la primavera de 1844, el profeta se reunió con los miembros del Quórum de los Doce Apóstoles, para instruirlos diciéndoles: -“No sé porque; pero por algún motivo me siento forzado a apurar mis preparativos, y a conferir sobre los Doce todas las ordenanzas, llaves, convenios, investiduras y ordenanzas selladoras del sacerdocio, y así establecer ante ellos un modelo en todas las cosas pertenecientes al santuario y la investidura obtenida en él”. Al concluir estas instrucciones, agregó: -“Hermanos, ahora he conferido sobre ustedes cada llave y principios y poder que ha sido conferido sobre mí. Ahora descansan sobre vuestros hombros y soportarán llevar el reino o serán condenados”. Tal fue la implicancia sagrada de estos sucesos que el Apóstol Parley P. Pratt registró que el profeta: -“…consoló la mente de los Doce con muchas conversaciones similares, y los preparó para lo que acontecería en breve”. Los registros personales de los testigos del Señor dan testimonio fehaciente de la importancia de esas reuniones y de la urgencia con la cual el profeta José Smith los instruyó en todo lo concerniente a la conducción del reino del Señor en los últimos días. Dos ejemplos de ellos son el hermano Orson Hyde que escribió: –“Nos guió a través de cada ordenanza del santo sacerdocio, y cuando hubo finalizado, se regocijó en extremo diciendo: -“si me asesinan vosotros tenéis todas las llaves, y todas las ordenanzas y podéis conferirlas sobre otros…”, y Wilford Woodruff: -“Nos dijo que debíamos prepararnos, ser fuertes y edificar este reino, o seriamos condenados. Yo soy el único hombre viviendo actualmente en la carne que escuché ese testimonio de su boca”.

Luego sobrevendrían los sucesos que pondrían fin a las vidas de ambos. En diversas ocasiones el profeta manifestó a algunos miembros su presentimiento de lo que acontecería en un tiempo no distante. Cinco días antes del martirio, José Smith registró la conversación que tuvo con el Coronel Stephen Markham: -“le declaré al Coronel Stephen Markham que si nos volvían a tomar a mí y a Hyrum, seriamos asesinados, o no era profeta de Dios y que deseaba que Hyrum viviera para vengar mi sangre, más él estaba resuelto a no abandonarme”. En la primavera de 1844 a la hermana Elizabeth Rollins le confidenció: -“Debo sellar mi testimonio con mi muerte” y en otra ocasión: -“No puedo morir sino hasta cuando quede terminada toda mi obra”.

El 14 de enero de 1847 el Señor le reveló al profeta Brigham Young la razón del porque José Smith padeció: -“Muchos se han maravillado a causa de su muerte; mas fue menester que él sellara su testimonio con su sangre, a fin de que a él se le honrara, y los inicuos fueran condenados”.
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Parley P. Pratt ante la muerte del Profeta José Smith, camino a Nauvoo

Por Luís Córdova A.


Mientras caminaba de regreso a la ciudad de Nauvoo, tras la muerte del Profeta José Smith y su hermano Hyrum, el Apóstol Parley P. Pratt reflexionó sobre los hechos acecidos por la muerte de su líder y como encontraría a los Santos en la ciudad que el Profeta había fundado, acerca de su madre y de todos aquellos que conocieron a José. A su llegada sería otro el panorama. Según sus palabras, lo relata de esta manera:
 
 

El Elder Parley Parker Pratt

“Yo me había asociado con él en privado y en público, en viajes y en el hogar, en gozo y en tristeza, en honor y deshonra, y en las adversidades de todo tipo. Con él había yacido en calabozos y en cadenas; y con él había triunfado sobre todos nuestros enemigos de Missouri y encontrado la libertad para nosotros y la gente en Nauvoo, donde habíamos levantado una gran ciudad. Pero ahora él se había al mundo invisible, y nosotros y la Iglesia de los Santos fuimos dejados para lamentar con pena y sin la presencia de nuestro amado fundador y Profeta.

Mientras caminaba por las planicies de Illinois, solitario, reflexioné lo siguiente: Yo estoy ahora parado cerca de mí amada ciudad; en un día o dos estaré allí, ¿cómo encontraré a la apenada viuda y a los huérfanos?, ¿cómo encontraré a la anciana y viuda madre de estos dos mártires?, ¿cómo encontraré a toda la comunidad inclinada con dolor y tristeza inexpresable?, ¿Qué diré? O ¿cómo consuelo y aconsejo a veinticinco mil personas que se agruparan alrededor de mí llorando, y en la ausencia de mi Presidente y de los viejos amigos el ahora consejo presidente? ¿me pedirán consejos?, ¿les diré a ellos que tienen que huir a las soledades del desierto? O ¿les diré a ellos que se queden en sus hogares, se cuiden y que sigan construyendo el templo? Con estas reflexiones y preguntas, seguí caminando, agobiado como si fuera a la muerte. Repentinamente el Espíritu de Dios vino sobre mí, y llenó mi corazón con un gozo y una alegría indescriptible, mientras el  espíritu de revelación brillaba en mi pecho con una alegría y un calor tan visible como si fuera fuego. El Espíritu me dijo: “Levanta la cabeza y regocíjate; porque ¡he aquí! Está bien con mis siervos José y Hyrum. Mi siervo José todavía posee las llaves de Mi Reino en esta dispensación, y él estará en su debido tiempo sobre la tierra, en la carne, y cumplirá todo aquello para lo cual fue asignado. Ve y dile a Mi pueblo en Nauvoo, que sigan adelante en sus deberes diarios y se cuiden y que no hagan movimiento en el Gobierno de la Iglesia para reorganizar o alterar nada hasta el regreso del resto del Quórum de los Doce. Pero exhórtalos  para que continúen edificando la Casa del Señor, la cual les ha mandado construir en Nauvoo.

Esta información hizo que mi pecho ardiera con gozo y alegría, y fui consolado de sobremanera, todas mis penas parecieron en un momento ser alzadas como un peso de mi espalda.
 
 
 


La Primera Entrevista que Parley P. Pratt tuvo con el Profeta José Smith cuando lo conoció

Por Luís Córdova A.

 


 

Parley P. Pratt, ca. 1853, Daguerrotipo por Marsena Cannon, Archivos de la Iglesia


Parley Parker Pratt (1807–1857) se casó con Thankful Halsey (1797–1837) en Canaan, Nueva York, el 9 de septiembre de 1827.  Ellos se trasladaron a Ohio y en poco tiempo llegaron a ser miembros de la Sociedad Reformada Bautista por medio de los esfuerzos de Sidney Rigdon (1793–1876).


Eventualmente Parley decidió dedicar su vida a predicar el evangelio de tiempo completo, entonces vendió su propiedad de Ohio en agosto de 1830 y viajó a Nueva York para visitar a su familia antes de comenzar su misión.  Al viajar Parley y Thankful por el Canal Erie, él se sintió inspirado para salir en Newark, unas diez millas de Manchester, Nueva York, donde José Smith (1805–1844) vivía durante el período de la Restauración.  Parley insistió que su esposa continuara su viaje a su casa de sus antepasados con la promesa de que la acompañaría después.  

En esta época, Parley conoció a un diácono bautista que le prestó una copia del Libro de Mormón que había sido publicado durante aquel año en Palmyra.  Parley leyó el libro y se convenció de su veracidad.  El decidió buscar al profeta José Smith, así que viajó a la casa de los Smith en Manchester.  Sin embargo, en esta época José ya vivía en Harmony, Pennsylvania.   No obstante, el hermano del profeta, Hyrum Smith (1800–1844), todavía vivía en la casa de vigas de madera y él invitó a Parley a que pasara la noche.  Con otros miembros de la familia y dos conversos recientes presentes, Hyrum y Parley pasaron la mayoría de la noche hablando de la Restauración.  Hyrum se despidió de Parley al día siguiente llevando una copia del Libro de Mormón. 

Después de cumplir algunos compromisos que había hecho, Parley pronto regresó a Manchester.  Él y Hyrum entonces siguieron a Fayette, Nueva York, unas veinte y cinco millas de distancia para conocer a Oliver Cowdery (1806–1850), uno de los Tres Testigos.  Oliver bautizó a Parley el 1 de septiembre de 1830 y lo ordenaron un élder antes de marcharse Parley a su viaje para encontrarse con su esposa como lo había planeado.  Un poco después, Parley regresó a Manchester donde conoció a José Smith por primera vez en octubre de 1830.  En esta época, Parley fue llamado para acompañar a Oliver Cowdery, a Peter Whitmer Jr. (1809–1836) y a Ziba Peterson (1818–1849) en una misión “en el desierto entre los lamanitas”  (Doctrina y Convenios 32:1–4).

Muchos años después, antes de su muerte en 1857, Parley escribió su autobiografía, una historia emocionante acerca de su vida que incluye la descripción de su primera entrevista con José Smith.  Los miembros de su familia guardaban el manuscrito cuando eventualmente fue publicado en 1874.  Se convirtió instantáneamente en una obra clásica de la Iglesia. 

Primera Entrevista con José Smith

Habiendo alzado una voz de advertencia a las multitudes en toda esta región del país, yo salí hacia la parte occidental de Nueva York donde se encontraba el cuerpo de la Iglesia.

Al llegar supimos que el hermano José Smith, el traductor del Libro de Mormón, había regresado de Pennsylvania a la residencia de su padre en Manchester, cerca de Palmyra donde tuve el placer de conocerlo por primera vez.  
El me recibió con una fuerte bienvenida y con ese carácter abierto y bondadoso tan universal que él poseía aun durante los años posteriores. 

El domingo tuvimos una reunión en su casa; los dos salones grandes se llenaron con oyentes atentos y él me invitó a predicar.  Lo hice y después escuché con interés el discurso de su propia boca, lleno de inteligencia y sabiduría.  Salimos de la reunión para la ribera del río y animado por él yo bauticé a varias personas.  

El presidente José Smith era un hombre alto y bien formado, fuerte y activo, de una tez ligera, pelo ligero, ojos azules, muy poca barba y de una expresión muy propia en que el ojo miraba naturalmente con interés y que nunca se cansaba de contemplar.  Su rostro era siempre suave, amable, radiando una inteligencia y una benevolencia, mezclado con una mirada de interés y una sonrisa inconsciente u optimismo, enteramente libre de reprimirse o la apariencia de gravedad.  Y había algo conectado con la mirada penetrante, serena y constante de su ojo para así penetrar los abismos más profundos del corazón humano, mirar la eternidad, penetrar los cielos y comprender todos los mundos. 

El poseía un carácter atrevido e independiente; su manera era fácil y familiar, su regaño terrible como un león; su benevolencia tan abierta como el mar; su inteligencia universal, y su lenguaje lleno de una elocuencia original peculiar—no pulida—no estudiada—no pulida ni suavizada por la educación ni refinada por el arte, sino fluyendo en su propia sencillez  y profusamente  lleno de variedad de temas y maneras.  El interesaba y edificaba a su audiencia al mismo tiempo que la divertía y la entretenía; su audiencia o a   quien le escuchaba jamás se cansaba de su discurso.  He visto su poder para fascinar una congregación de oyentes dispuestos y ansiosos por muchas horas juntos en el frío y en el sol, lluvia y viento, mientras estaban riéndose un momento y llorando después.  Aún sus enemigos más amargos no se resistían si él podía tener su atención.

Lo he observado como cuando estaba encadenado y rodeado por matadores y asesinos armados que le estaban infligiendo con cada posible insulto y abuso, él se levantaba con la majestad del hijo de Dios y les ordenaba en el nombre de Jesucristo hasta que ellos se ponían trémulos delante de él, dejaban caer sus armas y arrodillados le rogaban su perdón y dejaban su abuso.

En fin, en él los caracteres de Daniel y Cyrus estaban mezclados de una manera maravillosa.  Los dones, la sabiduría y la devoción de un Daniel se unían con la valentía, el temperamento, la perseverancia y la generosidad de un Cyrus.  Y si hubiera sido salvado del destino de un mártir hasta la edad madura, él seguramente estaría dotado con los poderes y la habilidad de haber revolucionado el mundo en muchos aspectos y hubiera transmitido a la posteridad un nombre asociado con más actos brillantes y gloriosos de lo que le ha tocado hacer a un hombre mortal.  Como ha pasado, sus obras vivirán hasta épocas sin fin y millones de los no nacidos sin poder contarlos mencionarán su nombre con honor, como un instrumento noble en las manos de Dios quien, durante su carrera corta y joven, puso la fundación de ese reinado hablado por Daniel, el profeta, que debería romper en pedazos los demás reinos y mantenerse parado para siempre jamás.
Más no quiero distraer más al lector.  Todavía no he hablado de él en mi historia bajo muchas y varias circunstancias en las que yo me he asociado con él hasta el último año de su vida.

Era ya octubre, 1830.  Una revelación había sido dada por la boca de este Profeta, Vidente  y Traductor en la que los élderes  Oliver Cowdery, Peter Whitmer, Ziba Peterson y yo mismo fuimos llamados para entrar en la tierra silvestre, por los estados occidentales y hasta el territorio indio.  Después de hacer arreglos para dejar a mi esposa en la familia de los Whitmers, nos despedimos de nuestros amigos y de la Iglesia tarde en octubre y empezamos a pie. (La Vida y Viajes de Parley P. Pratt .-The Life and Travels of Parley P. Pratt: The Autobiography of Parley Parker Pratt [New York: Russell Broters, 1874], 46–49).

La Historia en Fotografía: La Cárcel de Cartaghe

La Historia en Fotografía: La Cárcel de Cartaghe

Por Yamil Inostroza T., (Editor) – Luís Córdova A., (Staff)


El 24 de junio de 1844, José Smith y su hermano Hyrum se dirigieron a Carthage, donde los encarcelaron al día siguiente, acusándolos falsamente de traición. El 27 de ese mes, una turba de alrededor de cien hombres con la cara pintada de negro irrumpieron en la cárcel y mataron a tiros a José y a Hyrum. John Taylor recibió varias heridas, pero Willard Richards salió ileso. Posteriormente, John Taylor escribió el inspirado relato de lo sucedido, el cual se encuentra en Doctrina y Convenios 135.
 
 
 
 

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