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El Elder Neuenschwander, Autoridad General Emérita, señala: “La verdadera Historia Familiar”


Staff-Chile Pendón SUD
Editor General, Yamil Inostroza T.
Traducción Texto, Luís Córdova A
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SALT LAKE CITY, UTAH; Julio de 2010 │Church News – EE.UU │-

“Algo más que compilar nombres, la verdadera historia familiar, alcanza el pasado y el futuro, y trata de salvar a la gente de la oscuridad”, fue la guía con la cual una Autoridad General Emérita compartió el 27 de julio en su discurso que dio inicio a la 34 Conferencia Anual sobre la Historia Familiar y la Genealogía en la Universidad de Brigham Young.

Durante su discurso de apertura en la Conferencia Anual sobre Historia Familiar y Genealogía en BYU, El Elder Dennis B. Neuenschwander, miembro emérito de los Setenta, enfatizó  que la verdadera historia familiar es más que encontrar y compilar nombres, es traer de la oscuridad a nuestros antepasados.

El Elder Neuenschwander quien sirvió como un miembro de los Setenta desde 1991 al 2004, que incluyó cuatro años en la presidencia de ese quórum, reconoció que los nombres son más importantes en la investigación genealógica: -“Los conocimientos del contexto histórico en el vivieron nuestros ancestros, los detalles de sus vidas, y las experiencias que conforman su personalidad son esenciales para nuestra comprensión de nosotros mismos”.

Por lo tanto en la investigación familiar “realmente nos estamos investigando a nosotros mismos, estamos investigando nuestra propia personalidad, investigando los rasgos que recibimos de nuestros de nuestros antepasados. Sabemos porque nos sentimos en la forma en que hacemos ciertas cosas, sabemos porque nuestros ojos son de esa manera o la forma de nuestra nariz. Para los Santos de los Últimos Días hay doctrinas poderosamente hermosas que proporcionan no solo el fundamento para la identificación de nuestros antepasados, sino también para su salvación. El plan de salvación y la Expiación de Jesucristo son el eje de nuestra investigación genealógica. Son eternas y son infinitas en su significado y en su amplitud. No tienen fin”.

Si no hubiera ninguna otra doctrina en la Iglesia que el plan de salvación y de la mortalidad, siendo un estado probatorio, sería suficiente para convertirles.

El Elder Neuenschwander preguntó: -“¿pero qué pasa con nuestros antepasados que vivieron y amaron y llenaron sus vidas con cosas buenas en la medida de los conocimientos que pueden haber tenido en sus vidas? ¿hay alguna esperanza para ellos? ¿o están perdidos? ¿la expiación de Cristo proporciona para ellos la misma exacta esperanza como lo hace para nosotros?.

 

 

Si la salvación viene por obediencia a las ordenanzas establecidas para aquellos propósitos, y como el Profeta José Smith lo enseñó, son inalterables y requiere de cada individuo, “entonces debe haber una forma para que un Dios justo y amoroso reclame por ellos y salve a Sus hijos. De lo contrario, me parece que El no sería ni justo ni amoroso, pero sería alguien que respeta solo a las personas, algo que a dicho que él no es”.

Cada persona tiene el derecho y privilegio de aceptar y rechazar las ordenanzas y principios salvadores, “la identificación de nuestros antepasados y el proporcionar las ordenanzas sagradas en su nombre proporcionan una forma para ellos para que tomen esa decisión. Una ordenanza es un acto sagrado que se nos ha introducido como un sagrado convenio que reside en el poder de la piedad. Por ejemplo, la ordenanza del bautismo permite la remisión de pecados, que solo Dios puede llevar a cabo. Solo la persona que pasa a través de este proceso del arrepentimiento y del bautismo y que siente, por causa de aquella preparación, la remisión de pecados, sabe de este misterio, no hay ninguna otra forma de saberlo. La ordenanza sin el convenio carece de poder, y el convenio sin la ordenanza es imposible. Los requisitos y promesas son las mismas para cada hijo e hija de Dios. Solo de esta manera puede Dios ser justo, amoroso e inalterable".

Señaló que el propósito de la obra misional y el recogimiento de Israel es llevarles a los hijos de Dios, tanto vivos como muertos, las ordenanzas del sacerdocio y la salvación. El contrastó la esperanza en el pasaje de la escritura acerca de Elias concerniente a volver el corazón de los padres a los hijos y de los hijos hacia los padres con la oscuridad y soledad en las palabras que habla Malaquías de la destrucción en los últimos días “a menos que hagamos algo para evitar aquello”.

“La tercera y cuarta generación de nuestros antepasados viven en la oscuridad. Se perdieron de la memoria. Pero la oscuridad de la cual habla Malaquías es mucho más. Es una oscuridad espiritual, una oscuridad espantosa en la cual uno está solo, desconectado de los antepasados y de la posteridad en igual forma. Sin las ordenanzas salvadoras del evangelio, sin el sacerdocio y su poder, todos estaríamos solos, todos estaríamos desconectados. ¿No es algo terrible para contemplar?”.

“El trabajo de la historia familiar es la salvación de nuestros antepasados de la oscuridad espiritual en la que residen. Pero para mí, hay todavía una pregunta más importante que les hago, ¿la búsqueda de la historia familiar no llega tan fácilmente a las generaciones futuras como a las pasadas?”.

Señaló que esa calidad de vida se ve afectada por los conocimientos de los antepasados de uno porque le da sentido de identidad y responsabilidad personal “lo que realmente puede venir en esa manera, si esto no es cierto, ¿no es también cierto que nuestra posteridad sé verá influenciada por nuestras vidas?” Si no creamos registros que registren nuestras vidas, o de nuestras familias, conocimiento de quienes somos se perderá en una generación o dos, y nos convertiremos en aquellos que están perdidos en la oscuridad. Sin ese conocimiento, nuestra posteridad se desconectará de sus raíces y de la nutrición que ofrecen esas raíces”.

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